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Casas de verano

January 12, 2009

 

 

 

Tomando un estupendo vino crianza de la rioja alavesa en un bar de barrio con pretensiones de lo que una vez fue, mato el aburrimiento mirando un poco la televisión. Escondida entre una esquina llena de botellas y un cartel anunciador de posibles  maravillas. Rompe la monotonía de una noche fría y poca compañía agradable.

 En un anuncio, una mujer de más de trescientos años muestra una taza de váter sucia, de vergüenza,  ni en la más mísera de las chabolas franquistas, llego a existir. El producto que convierte ese lugar en el habitáculo maravilloso en el que todo enamorado de la lectura apacible  pueda llegar a imaginar  es el afamado “cillit bang” .

 

Poco  a poco traido por una inapreciable brisa mi mente salta más alla de mis olvidos, cierro los ojos, dejando paso a la querida añoranza, de un pretérito donde sólo importaba disfrutar a cada momento de los sencillos lujos de la infancia: La merienda, las espadas, tirar del pelo de las nenas, ir a misa en bicicleta… Aquellos  los fines de semana con los amigos, sin padres dejando soñar las posibilidades de las noches que estaban por venir…El caluroso agosto en la playa sin más vicio que el deseo  por el mar….

 

Todas esas situaciones que habitan en mí tenían un punto común: El lugar donde pasábamos aquellos  días. Casas cerradas con olores marmitados en meses de frio y lluvia, oscuridad densa que se alejaba muy despacio al abrir una a una, todas las ventanas de la casa, intentando subir esas persianas de madera, girando contraventanas de raros colores ocres; poco a poco liberábamos a las soledades para que llenas de energías volasen entre las nubes hasta la próxima.

Tocaba entonces, repartir el trabajo entre los más dispuestos: cubo, fregona, jabón y estropajo. Íbamos poco a poco domando esa mugre que tanto me gustaba vencer. El último esfuerzo lo  dedicábamos al cuarto de baño, enorme y tenebroso,  donde vaciábamos botes de lejía sólo para ver,  siempre el orden gana al caos,  como esas exhalaciones pestilentes de hipoclorito nos anunciaban la merecida victoria.

 Luego quedaba el aburrido tema, pero no secundario de organizar la despensa, las camas, insinuando que la de tus padres, era tuya y de la hermosa muchacha que quizás durmiese esa noche…

 

Lo demás también es vida pero ahora esto es lo que cuento

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5 Comments
  1. Coral permalink

    Lo cierto es que recuerdos asi no me son desconocidos. Leyéndote he podido perderme en los míos propios que aún me resultan un tanto dolorosos.Pero es innegable que, en mi caso, aquellas escapadas a casas que sin pertenecerte, te acogían cada vuelta como un anciano y paciente pariente lejano, resultaban toda una aventura.Siento el retraso, espero que las fiestas pasadas hayan sido… gratas y felices y que el año que ha empezado se te presente próspero y venturoso, y resistente ante cualquier tormenta.Un abrazo.

  2. Ana María permalink

    No te quedes aquíUn beso enorme, mañanero

  3. Ignea permalink

    …son los posos de la infancia…el tiempo en el que todo se mostraba probable…la vida por venir, el tiempo que vivir ansiando conocimientos y experiencia. Los pueblos y las vacaciones …las gotas de tiempo libres de preocupaciones.Disfrutado el texto…me quedo con olores marmitados me desprenden mucho sobre el texto.Un beso and saludete.

  4. Sara permalink

    La infancia…. bonito es tener buenos recuerdos a los que escribir. Esos son los buenos… a los que merece la pena volver como a ese refugio que siempre está ahí… cuando lo necesitas.Besos Sr. Rueda.

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